Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar...
Novelas
Raskolnikof sale de su casa y camina por la ciudad hasta lo de una anciana para empeñar un recuerdo familiar y obtener algo de dinero. En sus pensamientos le da vueltas a un misterioso plan que está tejiendo. Raskolnikof entra a una taberna y conoce a un extraño hombre que le cuenta sin parar cada una de las desgracias de su vida. Luego lo acompaña a su casa. La sirvienta de la casa visita a Raskolnikof en su habitación para entablar conversación y exhortarlo a conseguir un trabajo y salir adelante hasta que recuerda haber recibido una carta para él. Alterado por las noticias recién recibidas, sale a caminar en busca de claridad, reflexionando sobre su posición frente a los acontecimientos venideros. Durante el paseo, se encuentra con una joven que parece estar en apuros. Rodia cae en un sueño sombrío que lo arrastra a los confines de su niñez. Allí emergen los rostros de su padre, su abuela y su hermano. Pero el despertar no trae alivio: un suceso imprevisto irrumpe y lo empuja de nuevo hacia las tinieblas de su macabro propósito. Debido a la inminencia de los acontecimientos, Rodia cae envuelto en un malestar insoportable que lo persigue durante todo el día. Cuando cae la tarde, finalmente reúne las fuerzas necesarias y emprende el camino hacia el cumplimiento de su oscuro cometido. Todo transcurre tal como Raskolnikof había previsto, y logra consumar el crimen con fría precisión. Al principio, se aferra a una engañosa calma, sin embargo, la aparición inesperada de unos extraños irrumpe en su frágil control sembrando el caos en su mente. 2 1 Raskolnikof permaneció largo tiempo acostado. A veces, salía a medias de su letargo y se percataba de que la noche estaba muy avanzada, pero no pensaba en levantarse. Cuando el día apuntó, él seguía tendido de... 2 —¿ si el registro se ha efectuado ya? También podría ser que me encontrase con la policía en casa. Pero en su habitación todo estaba en orden y no había nadie. Nastasia no había tocado nada. —Señor, ¿cómo... 3 Sin embargo, no estuvo por completo inconsciente durante su enfermedad: era el suyo un estado febril en el que cierta lucidez se mezclaba con el delirio. Andando el tiempo, recordó perfectamente los detalles de este período. A veces... 4 Zosimof era, como ya hemos dicho, alto y grueso. Tenía veintisiete años, una cara pálida, carnosa y cuidadosamente rasurada, y el cabello liso. Llevaba lentes y en uno de sus dedos, hinchados de grasa, un anillo de oro.... 5 Era un caballero de cierta edad, movimientos pausados y fisonomía reservada y severa. Se detuvo en el umbral y paseó a su alrededor una mirada de sorpresa que no trataba de disimular y que resultaba un tanto descortés.... 6 Apenas se hubo marchado la sirvienta, Raskolnikof se levantó, echó el cerrojo, deshizo el paquete de las prendas de vestir comprado por Rasumikhine y empezó a ponérselas. Aunque parezca extraño, se había serenado de súbito. La frenética excitación... 7 En medio de la calle había una elegante calesa con un tronco de dos vivos caballos grises de pura sangre. El carruaje estaba vacío. Incluso el cochero había dejado el pescante y estaba en pie junto al coche,... 3 1 Raskolnikof se levantó y quedó sentado en el diván. Con un leve gesto indicó a Rasumikhine que suspendiera el torrente de su elocuencia desordenada y las frases de consuelo que dirigía a su hermana y a... 2 A la mañana siguiente eran más de las siete cuando Rasumikhine se despertó. En su vida había estado tan preocupado y sombrío. Su primer sentimiento fue de profunda perplejidad. Jamás había podido suponer que se despertaría un día... 3 Está mejor —les dijo Zosimof apenas las vio entrar. Zosimof estaba allí desde hacía diez minutos, sentado en el mismo ángulo del diván que ocupaba la víspera. Raskolnikof estaba sentado en el ángulo opuesto. Se hallaba completamente vestido,... 4 En ese momento, la puerta se abrió sin ruido y apareció una joven que paseó una tímida mirada por la habitación. Todos los ojos se fijaron en ella con tanta sorpresa como curiosidad. Raskolnikof no la reconoció en... 5 Raskolnikof entró en el despacho con el gesto del hombre que hace descomunales esfuerzos para no reventar de risa. Le seguía Rasumikhine, rojo como la grana, cohibido, torpe y transfigurado por el furor del semblante. Su cara y... 6 No lo creo, no puedo creerlo —repetía Rasumikhine, rechazando con todas sus fuerzas las afirmaciones de Raskolnikof. Se dirigían a la pensión Bakaleev, donde Pulqueria Alejándrovna y Dunia los esperaban desde hacía largo rato. Rasumikhine se detenía a... 4 1 Debo de estar soñando todavía —volvió a pensar Raskolnikof, contemplando al inesperado visitante con atención y desconfianza— ¡Svidrigailof! ¡Qué cosa tan absurda! —No es posible —dijo en voz alta, dejándose llevar de su estupor. El visitante... 2 Eran cerca de las ocho. Los dos jóvenes se dirigieron a paso ligero al edificio Bakaleev, con el propósito de llegar antes que Lujine. —¿Quién era ese señor que estaba contigo? —preguntó Rasumikhine apenas llegaron a la calle.... 3 Lo más importante era que Lujine no había podido prever semejante desenlace. Sus jactancias se debían a que en ningún momento se había imaginado que dos mujeres solas y pobres pudieran desprenderse de su dominio. Este convencimiento estaba... 4 Raskolnikof se fue derecho a la casa del canal donde habitaba Sonia. Era un viejo edificio de tres pisos pintado de verde. No sin trabajo, encontró al portero, del cual obtuvo vagas indicaciones sobre el departamento del sastre... 5 Cuando, al día siguiente, a las once en punto, Raskolnikof fue a ver al juez de instrucción, se extrañó de tener que hacer diez largos minutos de antesala. Este tiempo transcurrió, como mínimo, antes de que le llamaran,... 6 He aquí el recuerdo que esta escena dejó en Raskolnikof. En la pieza inmediata aumentó el ruido rápidamente y la puerta se entreabrió. —¿Qué pasa? —gritó Porfirio Petrovitch, contrariado—. Ya he advertido que… Nadie contestó, pero fue fácil... 5 1 Al día siguiente de la noche fatal en que había roto con Dunia y Pulqueria Alejándrovna, Piotr Petrovitch se despertó de buena mañana. Sus pensamientos se habían aclarado, y hubo de reconocer, muy a pesar suyo,... 2 No es fácil explicar cómo había nacido en el trastornado cerebro de Catalina Ivánovna la idea insensata de aquella comida. En ella había invertido la mitad del dinero que le había entregado Raskolnikof para el entierro de Marmeladof.... 3 Piotr Petrovitch —exclamó Catalina Ivánovna—, protéjame. Haga comprender a esta mujer estúpida que no tiene derecho a insultar a una noble dama abatida por el infortunio, y que hay tribunales para estos casos…Me quejaré ante el gobernador general... 4 Aunque llevaba su propia carga de miserias y horrores en el corazón, Raskolnikof había defendido valientemente y con destreza la causa de Sonia ante Lujine. Dejando aparte el interés que sentía por la muchacha y que le impulsaba... 5 Lebeziatnikof daba muestras de una turbación extrema. —Vengo por usted, Sonia Simonovna. Perdone…No esperaba encontrarlo aquí —dijo de pronto, dirigiéndose a Raskolnikof—. No es que vea nada malo en ello, entiéndame; es, sencillamente, que no lo esperaba. Se... 6 1 Empezó para Raskolnikof una vida extraña. Era como si una especie de neblina le hubiera envuelto y hundido en un fatídico y doloroso aislamiento. Cuando más adelante recordaba este período de su vida, comprendía que entonces... 2 —¡Ah, estos cigarrillos! —dijo al fin Porfirio Petrovitch—. Son un veneno, un verdadero veneno. Tengo tos, se me irrita la garganta, padezco de asma. Como soy algo aprensivo, he ido a ver al doctor ***, que es un... 3 Quería ver cuanto antes a Svidrigailof. Ignoraba sus propósitos, pero aquel hombre tenía sobre él un poder misterioso. Desde que Raskolnikof se había dado cuenta de ello, la inquietud lo consumía. Además, había llegado el momento de tener... 4 —Sin duda sabe usted…, sí, sí, lo sabe porque se lo conté yo mismo —dijo Svidrigailof, iniciando su relato—, que estuve en la cárcel por deudas, una deuda cuantiosa que me era absolutamente imposible pagar. No quiero entrar... 5 Raskolnikof le alcanzó y se puso a su lado. —¿Qué significa esto? —exclamó Svidrigailof—. Ya le he dicho a usted que… —Esto significa que no le dejo a usted. —¿Cómo? Los dos se detuvieron y estuvieron un momento... 6 Estuvo hasta las diez de la noche recorriendo tabernas y tugurios. Halló a Katia en uno de estos establecimientos. La muchacha cantaba sus habituales y descaradas cancioncillas. Svidrigailof la invitó a beber, así como a un organillero, a... 7 Aquel mismo día, entre seis y siete de la tarde, Raskolnikof se dirigía a la vivienda de su madre y de su hermana. Ahora habitaban en el edificio Bakaleev, donde ocupaban las habitaciones recomendadas por Rasumikhine. La entrada... 8 Caía la tarde cuando llegó a casa de Sonia Simonovna. La joven le había estado esperando todo el día, presa de una angustia espantosa. Dunia había compartido esta ansiedad. Al recordar que el día anterior Svidrigailof le había... 1 En Siberia, a orillas de un ancho río que discurre por tierras desiertas hay una ciudad, uno de los centros administrativos de Rusia. La ciudad contiene una fortaleza, y la fortaleza, una prisión. En este presidio está... 2 Hacía tiempo que llevaba la enfermedad en incubación, pero no era la horrible vida del presidio, ni los trabajos forzados, ni la alimentación, ni la vergüenza de llevar la cabeza rapada e ir vestido de harapos lo que... A las nueve de la mañana de un día de finales de noviembre, el tren de Varsovia se acercaba a toda marcha a San Petersburgo. El tiempo era de deshielo, y tan húmedo y brumoso que desde las ventanillas del carruaje resultaba imposible percibir nada a izquierda ni a derecha de la vía férrea. El general Epanchin vivía en una casa propia cerca de la Litinaya, junto a la Transfiguración. Además de ser dueño de aquel magnífico edificio, cuyas cinco sextas partes alquilaba, el general obtenía una buena renta de otra casa, muy... El general Iván Fedorovich Epanchin, de pie en medio del despacho, miraba con gran curiosidad al joven que entraba en él. Incluso adelantó dos pasos hacia Myshkin. Éste se aproximó al general y se presentó. —Muy bien —dijo el... Las tres hijas del general Epanchin eran unas jóvenes robustas, saludables, altas, desarrolladas, con magníficos hombros, ancho pecho y brazos fuertes, casi masculinos. De acuerdo con esta sana y vigorosa constitución necesitaban comer bien y no disimulaban el hecho.... Lizaveta Prokófievna estaba muy orgullosa de su noble cuna. ¿Cómo reaccionaría cuando supiese a quemarropa, sin la menor preparación, que el último representante de su raza, aquel príncipe Myshkin de quien oyera hablar alguna vez, no era más que... —En este momento —comenzó Myshkin— me miran ustedes con una curiosidad que me inquieta porque, si no la satisfago, se incomodarán conmigo. Pero, no, esto es una broma —se apresuró a añadir, sonriendo—. Paso, pues, a contar… En aquel... Cuando Myshkin dejó de hablar todas las que le oían le miraron jovialmente, incluso Aglaya; pero la que más satisfecha se mostró fue Lizaveta Prokófievna. —¡Ea, ya le hemos examinado! —exclamó—. Vosotras, hijas, os proponíais protegerle en calidad de... Una escalera amplia, clara y limpia conducía a la morada de Ganya, situada en el tercer piso y que comprendía seis o siete piezas, entre pequeñas y grandes. El piso, sin tener nada de extraordinario, parecía superar las posibilidades... Un silencio general siguió a aquellas palabras. Todos miraron a Myshkin como si no le comprendieran y desearan no comprenderle. El espanto había paralizado a Ganya. La visita de Nastasia Filíppovna, y especialmente en tal ocasión, constituía para todos... En la antesala se produjo un vivo barullo, como si hubiesen entrado varias personas en tropel y todavía continuara la invasión. Sonaban diversas voces al mismo tiempo y algunas de ellas en la escalera, de lo que podía deducirse... El príncipe abandonó el salón y se retiró a su cuarto, donde Kolia acudió a consolarle. El pobre muchacho, ahora, parecía incapaz de separarse de Myshkin. —Ha hecho usted bien en irse de la sala —dijo—. Ahora la cosa... Kolia condujo a Myshkin a la Litinaya. Allí, en un café con billar anexo, situado en un piso bajo, Ardalion Alejandrovich se hallaba en un reservado del rincón derecho, con el aire de un parroquiano habitual. Tenía una botella... Myshkin, muy inquieto mientras subía la escalera, se esforzaba en infundirse valor. «Lo peor que puede pasar —pensaba— es que no me reciban, o que me juzguen mal, o que sólo me permitan la entrada para reírse en mis... —No tengo ingenio, Nastasia Filíppovna —dijo Ferdychenko, a guisa de preámbulo—, y por eso hablo más de la cuenta. Si yo fuese tan ingenioso como Atanasio Ivanovich o Ivan Petrovich me pasaría el rato sin abrir la boca, lo... Katia, la doncella, apareció muy alarmada. —Nastasia Filíppovna: ahí viene una gente que no sé quiénes son. Diez hombres borrachos han entrado en el piso y quieren verla a usted. Han dado el nombre de Rogózhin, diciendo que ya... —Es cierto —declaró Ptitsin doblando la carta y alargándola a Myshkin—. En virtud de un testamento de una tía suya, testamento no discutido por nadie, va usted a poder entrar sin la menor dificultad en posesión de una gran... Dos días después de la extraña aventura ocurrida en la reunión de Nastasia Filíppovna y con la que concluyó la primera parte de nuestro relato, el príncipe Myshkin se encaminó a Moscú para recibir su inesperada fortuna.... Principiaba junio y, desde hacía una semana, el tiempo se mantenía excepcionalmente agradable, tratándose de San Petersburgo. Los Epanchin poseían una lujosa residencia veraniega en Pavlovsk, y Lizaveta Prokófievna sintió el deseo de instalarse en ella con su familia.... Pasaba con mucho de las once de la mañana. Myshkin sabía que el único miembro de la familia Epanchin a quien podría encontrar en casa era, a lo sumo, el general, probablemente retenido en San Petersburgo por sus deberes... Pasaron por las mismas habitaciones que Myshkin había cruzado antes. Rogózhin iba delante y el príncipe le seguía a poca distancia. Entraron en una vasta estancia de cuyos muros pendían varios cuadros, todos ellos retratos de obispos o paisajes... A la sazón ya era tarde. Faltaba poco para las dos y media, y Myshkin no encontró en casa al general Epanchin. Después de dejar su tarjeta, resolvió ir a la fonda «Los Dos Platillos» y preguntar por Kolia,... La casa que Lebedev ocupaba en Pavlovsk no era muy grande, pero sí linda y cómoda. La parte destinada a alquiler había sido recientemente decorada. En la terraza, bastante amplia, que se extendía ante el edificio, había varios naranjos,... El joven que acompañaba al general aparentaba unos veintiocho años. Era alto y bien formado, con el rostro hermoso e inteligente, y tenía grandes ojos negros que brillaban con malicia y jovialidad. Aglaya, sin volver siquiera la cabeza, prosiguió... —No esperaba la visita de ninguno de ustedes, señores —principió Myshkin—. Hasta hoy me he encontrado enfermo.— dirigiéndose a Burdovsky manifestó—: Hace un mes puse el asunto de usted en manos de Gabriel Ardaliónovich Ivólguin, como entonces le... —No negará usted —empezó Ganya, dirigiéndose a Burdovsky, que le escuchaba con atención, abriendo mucho los ojos, en un estado de agitación extraordinario—, no negará usted en serio, digo, que su nacimiento tuvo lugar dos años después del matrimonio... Tras humedecer los labios en el vaso de té que lo ofreció Vera Lebedev, Hipólito lo dejó en la mesa y miró en torno suyo con cierto embarazo. —Fíjese, Lizaveta Prokófievna —comenzó con extraña precipitación—: este servicio de té,... Tres días transcurrieron antes de que se calmara la cólera de las Epanchinas. Aunque Myshkin, como de costumbre, se atribuyese gran parte de la culpa y se creyera realmente merecedor de castigo, no había supuesto que Lizaveta Prokófievna hablase... Eran las siete de la tarde. El príncipe se disponía a salir al parque cuando vio aparecer en la terraza a Lizaveta Prokófievna. Iba sola. —Ante todo —principió la generala—, no te figures que vengo a pedirte perdón. ¡Nunca!... En Rusia no se oyen sino quejas constantes relativas a la falta que padecemos de personas prácticas. Tenemos plétora de políticos y generales; incluso se encuentran hombres de negocios de todas clases en un caso dado; pero... Myshkin se dirigió súbitamente a Radomsky. —Eugenio Pávlovich —díjole con insólita vehemencia, estrechándole la mano—, tenga la certeza de que le considero a pesar de todo, como el mejor y más noble de los hombres… En su asombro, Radomsky... Aquel escándalo había casi colmado de terror a la generala y sus hijas. Lizaveta Prokófievna, inquieta y alarmada, volvió a casa con las jóvenes a paso de carrera. De acuerdo con sus nociones e ideas, había pasado algo tan... Cuando se acercaba a su casa, Myshkin quedó no poco maravillado al ver una numerosa y alegre reunión en su terraza, muy iluminada. Sonaban joviales risas, altas voces; incluso se advertían señales de animada discusión. No era difícil comprender... Hipólito, que se había dormido cuando Lebedev llegaba al fin de su discurso, despertó de pronto como si alguien le hubiese descargado un golpe en el pecho. Se estremeció, incorporóse, miró en torno suyo y palideció. Sus ojos se... »No quiero mentir. En estos seis meses, no siempre me he evadido al engranaje de la vida real. Incluso a veces la actividad plástica me distraía de tal modo, que yo olvidaba mi condenación, o al menos no quería... »Yo poseía una pistolita de bolsillo, que me procuré de niño, a esa edad absurda en que se deleita uno con historias de duelos y de salteadores y en que uno imagina que puede ser provocado a desafío y... Ella, aunque reía, estaba indignada. —¡Dormido! ¿Se había usted dormido? —exclamó con despectivo asombro. —Sí —repuso Myshkin, soñoliento aún, reconociendo, con sorpresa, a la joven—. ¡Ah, ya! La cita… Me he dormido, sí. —Ya lo he visto. —¿No me... Al llegar a su casa, Lizaveta Prokófievna se dejó caer, extenuada, en un diván del primer aposento, sin invitar siquiera a Myshkin a sentarse. La estancia donde habían penetrado era una sala grande centrada por una mesa. Veíase una... Myshkin comprendió ahora por qué había sentido un frío interior cada vez que su mano se había posado sobre aquellas tres cartas y por qué quiso esperar hasta la tarde para leerlas. Por la mañana, antes de decidirse a... Había transcurrido una semana desde la entrevista de Myshkin y Aglaya Ivánovna en el banco verde. Una hermosa mañana, a eso de las diez y media, Bárbara Ardaliónovna Ptitsina, que había salido para hacer determinada visita, volvió... Hacía cinco días que Hipólito se había trasladado a casa de Ptitsin. Ello se produjo naturalmente, sin explicaciones, sin disputas entre Myshkin y su huésped, y la separación, al menos en apariencia, fue amistosa. Gabriel Ardaliónovich, tan mal dispuesto... En otras circunstancias, los borrascosos episodios que acabamos de señalar no hubiesen tenido consecuencias. Ardalion Alejandrovich había atravesado ya crisis semejantes, aunque raras veces, porque era hombre bastante tranquilo y de inclinaciones más bien buenas que malas. Quizás unas... La cita era al mediodía, pero el príncipe se retardó insólitamente y cuando volvió a casa halló al general esperándole ya. Myshkin notó en seguida que Ivólguin estaba descontento, acaso con motivo de la espera. El príncipe se sentó... Bárbara Ardaliónovna había exagerado un tanto, en su conversación con su hermano, la certeza de los informes concernientes al compromiso de Myshkin con Aglaya. Acaso, como mujer previsora, adivinase lo que iba a suceder en un futuro inmediato; acaso,... Bárbara Ardaliónovna había dicho la verdad al comunicar a su hermano que las Epanchinas proyectaban una velada con asistencia de la princesa Bielokonsky. Ello se había decidido precipitadamente y con cierta agitación, sin duda, porque en aquella casa no... Fue el caso que mientras Myshkin contemplaba, arrobado, a Aglaya, quien a la sazón hablaba alegremente con el príncipe . y Eugenio Pávlovich, en otro rincón el gran señor anglómano interpelaba con animación al alto dignatario. De pronto profirió... Aquella mañana comenzó también para Myshkin bajo la influencia de sentimientos penosos, que se podían atribuir, desde luego, a su estado de enfermedad. Pero, ello aparte, sentía una vaga tristeza que le inquietaba más que ninguna otra cosa. No... En el curso de los quince días que siguieron a aquella escena, las situaciones respectivas de los principales personajes de esta historia se modificaron de tal modo, que no es fácil proseguir el relato sin entrar en explicaciones previas.... Myshkin no murió antes de su boda, ni durante el sueño, como predijera a Radomsky. Cierto que dormía mal y con pesadillas; pero por el día, en su trato con la gente, parecía hallarse bien, e incluso contento, aunque,... Llegó a la ciudad una hora más tarde, y poco después de las nueve llamaba a la puerta de Rogózhin. Había subido por la escalera principal y, acaso en virtud de ello, tardaron bastante en contestar a su campanillazo.... Conclusión La viuda del profesor dirigióse precipitadamente a Pavlovsk y corrió a casa de Daría Alexievna. Ésta, ya muy trastornada desde la víspera, experimentó inmenso terror al oír el relato de la visitante. Ambas mujeres resolvieron entrevistarse con Lebedev, quien... Capítulo Fiódor Pávlovich Karamázov Alekséi Fiódorovich Karamázov era el tercer hijo de Fiódor Pávlovich Karamázov, un terrateniente de nuestro distrito que se hizo muy célebre... Capítulo Despide al primer hijo Naturalmente, cualquiera puede hacerse una idea de qué clase de educador y padre sería un hombre como aquél. Como padre, ocurrió con él lo que tenía que ocurrir, ni más ni menos: se desentendió... Capítulo Tercero Segundo matrimonio y segundos hijos Muy poco después de haberse quitado de encima a Mitia, que tenía por entonces cuatro años, Fiódor Pávlovich se casó en segundas nupcias. Este segundo matrimonio duró unos ocho años. A su segunda... Capítulo Cuarto Aliosha, el tercer hijo Solo tenía entonces veinte años (su hermano Iván pasaba de los veintitrés, y el mayor, Dmitri, se acercaba a los veintiocho). Diré en primer lugar que este joven, Aliosha, no era de ningún modo... Capítulo Los startsy Tal vez piense alguno de mis lectores que mi joven tenía una naturaleza enfermiza, extática, escasamente desarrollada, que se trataba de un soñador pálido, de un hombre demacrado y consumido. Por el contrario, Aliosha era en... Capítulo Llegan al Monasterio Hacía un día estupendo, cálido y soleado. Estaban a finales de agosto. La entrevista con el stárets se había fijado para justo después de la última misa, a... Capítulo El viejo bufón Entraron en la estancia casi a la vez que el stárets, que abandonó su modesto dormitorio en cuanto aparecieron ellos. Ya estaban en la celda, aguardando la salida del stárets, dos hieromonjes del eremitorio: uno... Capítulo Mujeres de fe Abajo, junto a la galería de madera adosada a la pared exterior del recinto, se habían congregado en esta ocasión únicamente mujeres del pueblo; serían unas veinte. Les habían anunciado que el stárets iba a... Capítulo Una dama escéptica La terrateniente que había venido a ver al stárets, tras haber asistido a la escena completa de la conversación con aquellas mujeres sencillas y a la bendición final, derramaba calladas lágrimas que enjugaba con un... Capítulo ¡Así sea! ¡Así sea! La ausencia del stárets de la celda había durado unos veinticinco minutos. Pasaban ya de las doce y media, y Dmitri Fiódorovich, por cuya iniciativa se hallaban todos reunidos, seguía sin venir. Pero era... Capítulo ¿Para qué vivirá un hombre como éste? Dmitri Fiódorovich era un joven de veintiocho años, de estatura mediana y rostro agradable, aunque aparentaba bastantes más años de los que tenía. Era musculoso, se adivinaba en él una notable... Capítulo Un seminarista con aspiraciones Aliosha condujo a su stárets al dormitorio y lo sentó en la cama. Se trataba de una habitación muy pequeña, con el mobiliario indispensable; la cama era estrecha, de hierro, con un paño de... Capítulo El escándalo Cuando Miúsov e Iván Fiódorovich entraban a ver al higúmeno, Piotr Aleksándrovich, hombre en verdad correcto y fino, no tardó en experimentar, a su modo, un delicado proceso: se avergonzó de haberse enfadado. Sentía en su... Capítulo En el pabellón del servicio La casa de Fiódor Pávlovich Karamázov se encontraba lejos del centro de la ciudad, aunque tampoco en las afueras. Era bastante vetusta, pero tenía una fachada agradable:... Capítulo Lizaveta, la maloliente Había en esto una circunstancia especial que impresionó profundamente a Grigori y que vino a confirmar definitivamente una sospecha desagradable y repugnante que había tenido. Esta Lizaveta la Maloliente era una muchacha de muy baja... Capítulo La confesión de un corazón ardiente. En verso. Aliosha, tras haber oído la orden que su padre le había gritado desde el coche mientras se iba del monasterio, permaneció un rato inmóvil, en medio de una gran perplejidad.... Capítulo La confesión de un corazón ardiente. En anécdotas. —Yo allí llevaba una vida disoluta. Nuestro padre decía hace poco que he gastado miles de rublos en seducir doncellas. Es una sucia invención, nunca ha sido así y, en... Capítulo La confesión de un corazón ardiente. Cabeza abajo. —Ahora —dijo Aliosha— conozco la primera mitad de este asunto. —La primera mitad la entiendes: es un drama y pasó allí. La segunda parte, en cambio, es una tragedia, y... Capítulo Smerdiakov De hecho, encontró a su padre todavía a la mesa. la mesa, como de costumbre, estaba puesta en la sala, aunque en la casa también había un auténtico comedor. Esta sala era la estancia más grande... Capítulo Una controversia Pero la burra de Balaam de pronto se puso a hablar. el tema resultó extraño: Grigori, por la mañana, al recoger unas mercancías en la tienda del comerciante Lukiánov, había oído la historia de un... Capítulo Ante una copita de coñac La discusión terminó pero, extrañamente, Fiódor Pávlovich, que antes se había divertido tanto, acabó de pronto con el ceño fruncido. con el ceño fruncido se atizó otra copita de coñac, que estaba... Capítulo Los lujuriosos Justo detrás de Dmitri Fiódorovich irrumpieron también en la sala Grigori y Smerdiakov. Ya en la entrada habían forcejeado con él para no dejarlo pasar (siguiendo instrucciones dadas por el propio Fiódor Pávlovich algunos días antes).... Capítulo Las dos juntas Pero Aliosha salió de la casa de su padre más abatido y decaído que cuando había entrado. Tenía la cabeza, también, como fragmentada y dispersa y, al mismo tiempo, sentía miedo de unir lo disperso... Capítulo Otra reputación arruinada Desde la ciudad hasta el monasterio había una versta, o poco más. Aliosha apresuró el paso por el camino, desierto a esa hora. Ya casi era de noche, resultaba difícil distinguir los objetos a treinta... Capítulo El padre Ferapont Muy temprano, antes del amanecer, avisaron a Aliosha. El stárets se había despertado y se sentía muy débil, si bien había preferido levantarse de la cama y sentarse en... Capítulo En casa de su padre Lo primero que hizo Aliosha fue ir a ver a su padre. Al llegar, se acordó de que la víspera éste le había insistido mucho en que entrara a hurtadillas, sin que se... Capítulo Se encuentra con unos escolares «Gracias a Dios que no me ha preguntado por Grúshenka —pensó Aliosha, por su parte, en el momento en que salía de casa de su padre y se dirigía a ver a la... Capítulo En casa de las Jojlakova No tardó en llegar a casa de las Jojlakova, una hermosa casa independiente, de dos plantas, construida en piedra: una de las mejores de la ciudad. Aunque la señora Jojlakova pasaba la mayor... Capítulo Desgarro en la sala Pero en la sala la conversación ya estaba a punto de concluir; Katerina Ivánovna era presa de una gran excitación, aunque se la veía decidida. Justo cuando entraban Aliosha y la señora Jojlakova, Iván... Capítulo Desgarro entre cuatro paredes Sentía, en verdad, una pena muy honda, como pocas veces había sentido antes. Se había lanzado a hablar y había «hecho el ridículo», ¡y para colmo en cuestiones amorosas! «¿Qué sabré yo de eso?... Capítulo al aire libre —El aire es tan puro, señor, mientras que en mi mansión está tan viciado, en todos los sentidos… Vayamos despacito, señor. Tengo mucho interés en que me preste atención. —También yo tengo algo muy... Capítulo Compromiso matrimonial De nuevo fue la señora Jojlakova la primera en recibir a Aliosha. Tenía prisa; había sucedido algo importante: el ataque de histeria de Katerina Ivánovna había derivado en un... Capítulo Smerdiakov con la guitarra Además, no tenía tiempo. Al despedirse de Lise, se le había ocurrido una idea. Una idea para dar cuanto antes, recurriendo a la astucia, con su hermano Dmitri, el cual, era evidente, procuraba evitarlo.... Capítulo Los hermanos se conocen Iván, en todo caso, no ocupaba un reservado. Se trataba simplemente de un lugar junto a la ventana, delimitado por un biombo; de todos modos, la gente no podía ver a los que estaban... Capítulo La rebelión —Tengo que hacerte una confesión —empezó Iván—: nunca he podido entender cómo es posible amar al prójimo. Precisamente es al prójimo, en mi opinión, a quien resulta imposible amar; solo es posible amar, en todo caso,... Capítulo El gran inquisidor —Tampoco aquí puedo pasarme sin un prólogo, quiero decir sin un prólogo literario, ¡uf! —se rió Iván—; ¡valiente autor estoy hecho! Verás, la acción transcurre en el siglo , y en esa época, aunque eso... Capítulo Bastante oscuro, de momento En cuanto a Iván Fiódorovich, después de separarse de Aliosha, se marchó a casa, a casa de Fiódor Pávlovich. Pero, extrañamente, sintió de pronto una angustia insoportable y, sobre todo, cada vez más intensa,... Capítulo Da gusto hablar con una persona inteligente También hablaba de ese modo. Nada más entrar en la sala, se encontró con Fiódor Pávlovich y le gritó, gesticulando: «Subo a mi cuarto; no vengo a verle a usted; adiós».... Capítulo El stárets Zosima y sus huéspedes Cuando Aliosha, con inquietud y pesar en el corazón, entró en la celda del stárets, se detuvo casi maravillado: en lugar de encontrarse al enfermo... Capítulo De la vida en Dios del reverendo hieromonje stárets Zosima, que partió a reunirse con su hacedor, compuesta a partir de sus propias palabras por Alekséi Fiódorovich Karamázov Información biográfica: a) Sobre la juventud del hermano del stárets... Capítulo De las conversaciones y enseñanzas del stárets Zosima e) Sobre el monje ruso y su posible sentido. Padres y maestros, ¿qué es un monje? En nuestros días, en el mundo ilustrado esta palabra algunos la pronuncian a modo... Capítulo Un tufo pestilente El cuerpo del padre Zosima, hieromonje y asceta, fue preparado para la inhumación de acuerdo con su rango. Como es sabido, los restos mortales de monjes y ascetas... Capítulo La ocasión No se equivocaba el padre Paísi, ni mucho menos, pensando que su «querido muchacho» iba a volver, y es muy posible que penetrara (si no hasta el fondo, sí con notable perspicacia) en el auténtico sentido... Capítulo La cebolla Grúshenka vivía en el barrio más populoso de la ciudad, cerca de la plaza de la Catedral, en casa de la viuda del comerciante Morózov, donde tenía alquilado un pequeño pabellón de madera en el patio.... Capítulo Caná de Galilea Era ya muy tarde para los usos del monasterio cuando Aliosha llegó al asceterio; el hermano portero le dejó pasar por una entrada especial. Habían dado ya las nueve, hora de retiro y descanso colectivo... Capítulo Kuzmá Samsónov Grúshenka, de camino a su nueva vida, había «ordenado» a Aliosha que le transmitiera a Dmitri su último saludo y le pidiera que recordara siempre su hora de amor, pero en... Capítulo Liagavy Así pues, tocaba «galopar», pero no tenía ni un kopek para los caballos, bueno, tenía dos grivny, pero nada más, ¡lo único que le quedaba de tantos años de bienestar! En casa tenía un viejo reloj de... Capítulo Minas de oro Ésta era, precisamente, la visita de Mitia de la que Grúshenka había hablado a Rakitin con tanto miedo. Estaba esperando la llegada de su «estafeta», encantada de que Mitia no hubiera ido ni ese día... Capítulo De noche ¿Adónde iba? Es sabido: «¿Dónde iba a estar ella más que en casa de Fiódor Pávlovich? Ha ido allí desde casa de Samsónov, ahora está claro. Toda esta intriga, todos estos engaños ahora quedan al descubierto»…... Capítulo Una decisión repentina Fenia estaba en la cocina con su abuela, las dos se disponían a acostarse. Confiando en Nazar Ivánovich, tampoco esta vez habían cerrado por dentro. Mitia entró corriendo, se abalanzó sobre Fenia y la agarró... Capítulo ¡Aquí estoy! Mientras tanto, Dmitri Fiódorovich volaba por el camino. Hasta Mókroie había poco más de veinte verstas, pero la troika de Andréi galopaba tanto que pudo recorrerlas en una hora y cuarto. La velocidad de la marcha... Capítulo El anterior e indiscutible Mitia se acercó a la mesa con sus pasos largos y rápidos. —Señores —empezó en voz alta, casi gritando pero tartamudeando en cada palabra—, yo… ¡no pasa nada! No teman —exclamó—, yo… de verdad,... Capítulo Delirio empezó casi una orgía, un gran festín. Grúshenka fue la primera en gritar pidiendo champán: «Quiero beber, quiero emborracharme como antes, ¿te acuerdas, Mitia, de cómo nos conocimos entonces aquí?». El propio Mitia parecía delirar y... Era una noche maravillosa, una noche de esas que puede que sólo se den cuando somos jóvenes, querido lector. El cielo estaba tan estrellado, estaba tan claro que, al mirarlo, involuntariamente uno tenía que preguntarse —Vaya, ¡si ha sobrevivido! —me dijo ella riendo y estrechándome ambas manos. —Llevo aquí dos horas, ¡no sabe el día que he pasado! —Lo sé, lo sé…, pero al grano. ¿Sabe por qué he venido? No a soltar... Hoy el día ha sido triste, lluvioso, sin claros, igual que mi futura vejez. Me oprimen unos pensamientos muy extraños, unas sensaciones muy sombrías, unas cuestiones aún nada claras se agolpan en mi cabeza, pero no tengo fuerzas... ¡Dios mío, cómo acabó todo! ¡Cómo acabó! Llegué a las nueve, ella ya estaba allí. Ya de lejos reparé en ella. Estaba como entonces, como la primera vez, acodada en la baranda de la orilla y no oyó... Mis noches se acabaron una mañana. Fue un día malo, la lluvia golpeaba melancólica en mi cristal. Mi habitación estaba oscura, la calle nublada. La cabeza me dolía y me daba vueltas, la fiebre se colaba por todos... Pobres Gentes Fiódor Dostoyevski Mi inestimable Varvara Aleksiéyevna: ¡Ayer me sentí yo feliz, extraordinariamente feliz, como no es posible serlo más! ¡Con que por lo menos una vez en la vida usted, tan terca, me ha hecho caso! ¡Al despertarme,... 8 de abril Mi estimado Makar Aleksiéyevich: ¿Sabe usted que va a haber que retirarle a usted la amistad? Le juro, mi buen Makar Aleksiéyevich, que a mí me cuesta la mar de trabajo aceptar sus obsequios. Sé lo que...Una Ecología Integral
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
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Capítulo 6
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Capítulo 2
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Capítulo 5
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Parte 1
Parte 2
El Idiota
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XIII
XIV
XV
XVI
I
II
III
IV
V
VI
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VIII
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X
I
II
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VI
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VIII
IX
X
XI
Conclusión
Los hermanos Karamazov
Capítulo I . Fiódor Pávlovich Karamázov
Capítulo II . Despide al primer hijo
Capítulo III . Segundo matrimonio y segundos hijos
Capítulo IV . Aliosha, el tercer hijo
Capítulo V . Los startsy
Capítulo I . Llegan al Monasterio
Capítulo II . El viejo bufón
Capítulo III . Mujeres de fe
Capítulo IV . Una dama escéptica
Capítulo V . Así sea
Capítulo VI . ¿Para qué vivirá un hombre como éste?
Capítulo VII . Un seminarista con aspiraciones
Capítulo VIII . El escándalo
Capítulo I . En el pabellón del servicio
Capítulo II . Lizaveta la maloliente
Capítulo III . La confesión de un corazón ardiente
Capítulo IV . La confesión de un corazón ardiente
Capítulo V . La confesión de un corazón ardiente cabeza abajo
Capítulo VI . Smerdiakov
Capítulo VII . Una controversia
Capítulo VIII . Ante una copita de coñac
Capítulo IX . Los lujuriosos
Capítulo X . Las dos juntas
Capítulo XI . Otra reputación arruinada
Capítulo I . El padre Ferapont
Capítulo II . En casa de su padre
Capítulo III . Se encuentra con unos escolares
Capítulo IV . En casa de las Jojlakova
Capítulo V . Desgarro en la sala
Capítulo VI . Desgarro entre cuatro paredes
Capítulo VII . Y al aire libre
Capítulo I . Compromiso matrimonial
Capítulo II . Smerdiakov con la guitarra
Capítulo III . Los hermanos se conocen
Capítulo IV . La rebelión
Capítulo V . El gran inquisidor
Capítulo VI . Bastante oscuro, de momento
Capítulo VII . Da gusto hablar con una persona inteligente
Capítulo I . El stárets Zosima y sus huéspedes
Capítulo II . La vida en Dios del reverendo hieromonje stárets Zosima
Capítulo III . De las conversaciones y enseñanzas del stárets Zosima
Capítulo I . Un tufo pestilente
Capítulo II . La ocasión
Capítulo III . La cebolla
Capítulo IV . Caná de Galilea
Capítulo I . Kuzmá Samsónov
Capítulo II . Liagavy
Capítulo III . Minas de oro
Capítulo IV . De noche
Capítulo V . Una decisión repentina
Capítulo VI . ¡Aquí estoy!
Capítulo VII . El anterior e indiscutible
Capítulo VIII . Delirio
Noches Blancas
Noches Blancas – Primera Noche
Noches Blancas – Segunda Noche
Noches Blancas – Tercera Noche
Noches Blancas – Cuarta Noche
Noches Blancas – La Mañana
Pobres Gentes
Pobres Gentes – Carta 1 (8 de abril)
Pobres Gentes – Carta 2 (8 de abril)