A las nueve de la mañana de un día de finales de noviembre, el tren de Varsovia se acercaba a toda marcha a San Petersburgo. El tiempo era de deshielo, y tan húmedo y brumoso que desde las ventanillas del carruaje resultaba imposible percibir nada a izquierda ni a derecha de la vía férrea.
El Idiota
El general Epanchin vivía en una casa propia cerca de la Litinaya, junto a la Transfiguración. Además de ser dueño de aquel magnífico edificio, cuyas cinco sextas partes alquilaba, el general obtenía una buena renta de otra casa, muy... El general Iván Fedorovich Epanchin, de pie en medio del despacho, miraba con gran curiosidad al joven que entraba en él. Incluso adelantó dos pasos hacia Myshkin. Éste se aproximó al general y se presentó. —Muy bien —dijo el... Las tres hijas del general Epanchin eran unas jóvenes robustas, saludables, altas, desarrolladas, con magníficos hombros, ancho pecho y brazos fuertes, casi masculinos. De acuerdo con esta sana y vigorosa constitución necesitaban comer bien y no disimulaban el hecho.... Lizaveta Prokófievna estaba muy orgullosa de su noble cuna. ¿Cómo reaccionaría cuando supiese a quemarropa, sin la menor preparación, que el último representante de su raza, aquel príncipe Myshkin de quien oyera hablar alguna vez, no era más que... —En este momento —comenzó Myshkin— me miran ustedes con una curiosidad que me inquieta porque, si no la satisfago, se incomodarán conmigo. Pero, no, esto es una broma —se apresuró a añadir, sonriendo—. Paso, pues, a contar… En aquel... Cuando Myshkin dejó de hablar todas las que le oían le miraron jovialmente, incluso Aglaya; pero la que más satisfecha se mostró fue Lizaveta Prokófievna. —¡Ea, ya le hemos examinado! —exclamó—. Vosotras, hijas, os proponíais protegerle en calidad de... Una escalera amplia, clara y limpia conducía a la morada de Ganya, situada en el tercer piso y que comprendía seis o siete piezas, entre pequeñas y grandes. El piso, sin tener nada de extraordinario, parecía superar las posibilidades... Un silencio general siguió a aquellas palabras. Todos miraron a Myshkin como si no le comprendieran y desearan no comprenderle. El espanto había paralizado a Ganya. La visita de Nastasia Filíppovna, y especialmente en tal ocasión, constituía para todos... En la antesala se produjo un vivo barullo, como si hubiesen entrado varias personas en tropel y todavía continuara la invasión. Sonaban diversas voces al mismo tiempo y algunas de ellas en la escalera, de lo que podía deducirse... El príncipe abandonó el salón y se retiró a su cuarto, donde Kolia acudió a consolarle. El pobre muchacho, ahora, parecía incapaz de separarse de Myshkin. —Ha hecho usted bien en irse de la sala —dijo—. Ahora la cosa... Kolia condujo a Myshkin a la Litinaya. Allí, en un café con billar anexo, situado en un piso bajo, Ardalion Alejandrovich se hallaba en un reservado del rincón derecho, con el aire de un parroquiano habitual. Tenía una botella... Myshkin, muy inquieto mientras subía la escalera, se esforzaba en infundirse valor. «Lo peor que puede pasar —pensaba— es que no me reciban, o que me juzguen mal, o que sólo me permitan la entrada para reírse en mis... —No tengo ingenio, Nastasia Filíppovna —dijo Ferdychenko, a guisa de preámbulo—, y por eso hablo más de la cuenta. Si yo fuese tan ingenioso como Atanasio Ivanovich o Ivan Petrovich me pasaría el rato sin abrir la boca, lo... Katia, la doncella, apareció muy alarmada. —Nastasia Filíppovna: ahí viene una gente que no sé quiénes son. Diez hombres borrachos han entrado en el piso y quieren verla a usted. Han dado el nombre de Rogózhin, diciendo que ya... —Es cierto —declaró Ptitsin doblando la carta y alargándola a Myshkin—. En virtud de un testamento de una tía suya, testamento no discutido por nadie, va usted a poder entrar sin la menor dificultad en posesión de una gran... Dos días después de la extraña aventura ocurrida en la reunión de Nastasia Filíppovna y con la que concluyó la primera parte de nuestro relato, el príncipe Myshkin se encaminó a Moscú para recibir su inesperada fortuna.... Principiaba junio y, desde hacía una semana, el tiempo se mantenía excepcionalmente agradable, tratándose de San Petersburgo. Los Epanchin poseían una lujosa residencia veraniega en Pavlovsk, y Lizaveta Prokófievna sintió el deseo de instalarse en ella con su familia.... Pasaba con mucho de las once de la mañana. Myshkin sabía que el único miembro de la familia Epanchin a quien podría encontrar en casa era, a lo sumo, el general, probablemente retenido en San Petersburgo por sus deberes... Pasaron por las mismas habitaciones que Myshkin había cruzado antes. Rogózhin iba delante y el príncipe le seguía a poca distancia. Entraron en una vasta estancia de cuyos muros pendían varios cuadros, todos ellos retratos de obispos o paisajes... A la sazón ya era tarde. Faltaba poco para las dos y media, y Myshkin no encontró en casa al general Epanchin. Después de dejar su tarjeta, resolvió ir a la fonda «Los Dos Platillos» y preguntar por Kolia,... La casa que Lebedev ocupaba en Pavlovsk no era muy grande, pero sí linda y cómoda. La parte destinada a alquiler había sido recientemente decorada. En la terraza, bastante amplia, que se extendía ante el edificio, había varios naranjos,... El joven que acompañaba al general aparentaba unos veintiocho años. Era alto y bien formado, con el rostro hermoso e inteligente, y tenía grandes ojos negros que brillaban con malicia y jovialidad. Aglaya, sin volver siquiera la cabeza, prosiguió... —No esperaba la visita de ninguno de ustedes, señores —principió Myshkin—. Hasta hoy me he encontrado enfermo.— dirigiéndose a Burdovsky manifestó—: Hace un mes puse el asunto de usted en manos de Gabriel Ardaliónovich Ivólguin, como entonces le... —No negará usted —empezó Ganya, dirigiéndose a Burdovsky, que le escuchaba con atención, abriendo mucho los ojos, en un estado de agitación extraordinario—, no negará usted en serio, digo, que su nacimiento tuvo lugar dos años después del matrimonio... Tras humedecer los labios en el vaso de té que lo ofreció Vera Lebedev, Hipólito lo dejó en la mesa y miró en torno suyo con cierto embarazo. —Fíjese, Lizaveta Prokófievna —comenzó con extraña precipitación—: este servicio de té,... Tres días transcurrieron antes de que se calmara la cólera de las Epanchinas. Aunque Myshkin, como de costumbre, se atribuyese gran parte de la culpa y se creyera realmente merecedor de castigo, no había supuesto que Lizaveta Prokófievna hablase... Eran las siete de la tarde. El príncipe se disponía a salir al parque cuando vio aparecer en la terraza a Lizaveta Prokófievna. Iba sola. —Ante todo —principió la generala—, no te figures que vengo a pedirte perdón. ¡Nunca!... En Rusia no se oyen sino quejas constantes relativas a la falta que padecemos de personas prácticas. Tenemos plétora de políticos y generales; incluso se encuentran hombres de negocios de todas clases en un caso dado; pero... Myshkin se dirigió súbitamente a Radomsky. —Eugenio Pávlovich —díjole con insólita vehemencia, estrechándole la mano—, tenga la certeza de que le considero a pesar de todo, como el mejor y más noble de los hombres… En su asombro, Radomsky... Aquel escándalo había casi colmado de terror a la generala y sus hijas. Lizaveta Prokófievna, inquieta y alarmada, volvió a casa con las jóvenes a paso de carrera. De acuerdo con sus nociones e ideas, había pasado algo tan... Cuando se acercaba a su casa, Myshkin quedó no poco maravillado al ver una numerosa y alegre reunión en su terraza, muy iluminada. Sonaban joviales risas, altas voces; incluso se advertían señales de animada discusión. No era difícil comprender... Hipólito, que se había dormido cuando Lebedev llegaba al fin de su discurso, despertó de pronto como si alguien le hubiese descargado un golpe en el pecho. Se estremeció, incorporóse, miró en torno suyo y palideció. Sus ojos se... »No quiero mentir. En estos seis meses, no siempre me he evadido al engranaje de la vida real. Incluso a veces la actividad plástica me distraía de tal modo, que yo olvidaba mi condenación, o al menos no quería... »Yo poseía una pistolita de bolsillo, que me procuré de niño, a esa edad absurda en que se deleita uno con historias de duelos y de salteadores y en que uno imagina que puede ser provocado a desafío y... Ella, aunque reía, estaba indignada. —¡Dormido! ¿Se había usted dormido? —exclamó con despectivo asombro. —Sí —repuso Myshkin, soñoliento aún, reconociendo, con sorpresa, a la joven—. ¡Ah, ya! La cita… Me he dormido, sí. —Ya lo he visto. —¿No me... Al llegar a su casa, Lizaveta Prokófievna se dejó caer, extenuada, en un diván del primer aposento, sin invitar siquiera a Myshkin a sentarse. La estancia donde habían penetrado era una sala grande centrada por una mesa. Veíase una... Myshkin comprendió ahora por qué había sentido un frío interior cada vez que su mano se había posado sobre aquellas tres cartas y por qué quiso esperar hasta la tarde para leerlas. Por la mañana, antes de decidirse a... Había transcurrido una semana desde la entrevista de Myshkin y Aglaya Ivánovna en el banco verde. Una hermosa mañana, a eso de las diez y media, Bárbara Ardaliónovna Ptitsina, que había salido para hacer determinada visita, volvió... Hacía cinco días que Hipólito se había trasladado a casa de Ptitsin. Ello se produjo naturalmente, sin explicaciones, sin disputas entre Myshkin y su huésped, y la separación, al menos en apariencia, fue amistosa. Gabriel Ardaliónovich, tan mal dispuesto... En otras circunstancias, los borrascosos episodios que acabamos de señalar no hubiesen tenido consecuencias. Ardalion Alejandrovich había atravesado ya crisis semejantes, aunque raras veces, porque era hombre bastante tranquilo y de inclinaciones más bien buenas que malas. Quizás unas... La cita era al mediodía, pero el príncipe se retardó insólitamente y cuando volvió a casa halló al general esperándole ya. Myshkin notó en seguida que Ivólguin estaba descontento, acaso con motivo de la espera. El príncipe se sentó... Bárbara Ardaliónovna había exagerado un tanto, en su conversación con su hermano, la certeza de los informes concernientes al compromiso de Myshkin con Aglaya. Acaso, como mujer previsora, adivinase lo que iba a suceder en un futuro inmediato; acaso,... Bárbara Ardaliónovna había dicho la verdad al comunicar a su hermano que las Epanchinas proyectaban una velada con asistencia de la princesa Bielokonsky. Ello se había decidido precipitadamente y con cierta agitación, sin duda, porque en aquella casa no... Fue el caso que mientras Myshkin contemplaba, arrobado, a Aglaya, quien a la sazón hablaba alegremente con el príncipe . y Eugenio Pávlovich, en otro rincón el gran señor anglómano interpelaba con animación al alto dignatario. De pronto profirió... Aquella mañana comenzó también para Myshkin bajo la influencia de sentimientos penosos, que se podían atribuir, desde luego, a su estado de enfermedad. Pero, ello aparte, sentía una vaga tristeza que le inquietaba más que ninguna otra cosa. No... En el curso de los quince días que siguieron a aquella escena, las situaciones respectivas de los principales personajes de esta historia se modificaron de tal modo, que no es fácil proseguir el relato sin entrar en explicaciones previas.... Myshkin no murió antes de su boda, ni durante el sueño, como predijera a Radomsky. Cierto que dormía mal y con pesadillas; pero por el día, en su trato con la gente, parecía hallarse bien, e incluso contento, aunque,... Llegó a la ciudad una hora más tarde, y poco después de las nueve llamaba a la puerta de Rogózhin. Había subido por la escalera principal y, acaso en virtud de ello, tardaron bastante en contestar a su campanillazo.... Conclusión La viuda del profesor dirigióse precipitadamente a Pavlovsk y corrió a casa de Daría Alexievna. Ésta, ya muy trastornada desde la víspera, experimentó inmenso terror al oír el relato de la visitante. Ambas mujeres resolvieron entrevistarse con Lebedev, quien...I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XIII
XIV
XV
XVI
Segunda Parte
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
Tercera Parte
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
Cuarta Parte
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
Conclusión
Conclusión