Leyenda de los Tres Compañeros
INTRODUCCIÓN
La Leyenda de los Tres Compañeros fue una obra muy estimada desde principios del siglo XIV. Citada con frecuencia y con numerosos manuscritos, es considerada una fuente de importante valor para la biografía de San Francisco, aunque a lo largo de los siglos, se debatió sobre su autenticidad, con diferentes posturas.
Fue redactada obedeciendo la orden dada por el capítulo general de los franciscanos de 1244 y por el mismo ministro general, Crescencio de Jesi, que solicitaba a los hermanos remitir información sobre Francisco.
¿Quién es el autor? El P. Desbonnets apunta la hipótesis de que fuera efectivamente uno los tres compañeros; no el hermano León, cuya manera de escribir es conocida, sino, quizá, el hermano Ángel.
Tres han sido los intentos de realizar una edición crítica de la Leyenda de los Tres Compañeros:
- En 1898 apareció la de Faloci-Pulignani, quien se sirvió de un manuscrito del siglo XV conservado hoy en el archivo provincial de los capuchinos de Asís.
- En 1939 el P. Abate publicó otra edición utilizando el manuscrito de Sarnano, de comienzos del siglo XIV; donde trataba de demostrar que el autor de la Leyenda había manipulado todas las biografías anteriores y que, por tanto, no pudo ser compuesta sino a fines del siglo XIII.
- Finalmente, el P. Desbonnets, entrando a fondo en la confrontación de las familias de manuscritos, ofreció en 1974 la edición que consideramos definitiva.
La Carta de los tres compañeros, fechada en 1246, la contienen todos los manuscritos y no aparece nunca ni sola ni unida a otro documento, pero el texto de la Leyenda que sigue tiene una mano diferente.
Cabe la hipótesis de que dicha carta acompañara un conjunto más extenso de informaciones escritas remitidas a Crescencio de Jesi. Los tres compañeros afirman en la Carta: «Y no escribimos estas cosas a modo de leyenda… …lo que hemos hecho es recoger, como de un ameno jardín, las flores más hermosas, según nos parecía, sin seguir un orden histórico…» Pero el texto que sigue es verdadera leyenda a la manera de la edad media, es decir, una biografía estructurada según la sucesión de los hechos.
La conclusión más aceptable parece ser que la leyenda fuera como un anexo del envío principal y que fue separado en algún momento y transcrita en adelante tal como estaba por los copistas. Aunque se encuentra influenciada por las biografías previas, esta obra destaca por su estilo natural, sin adornos retóricos ni intentos de sobrenaturalizar los hechos.
¿Cuándo fue escrita? Para responder a esta pregunta tenemos que remitirnos a la interdependencia de las distintas fuentes. Parece fuera de duda que el autor de la Leyenda de los Tres Compañeros ha tenido delante la Vida Primera de Celano, completándola en muchos detalles de interés, y, asimismo, la Vita sancti Francisci, de Julián de Espira, escrita entre 1232 y 1239.
En cambio, es patente la dependencia de la Vida Segunda de Celano respecto de la Leyenda. Celano logra, con la ayuda de esta, llenar lagunas y precisar pormenores de la juventud y conversión de San Francisco que había omitido en la Vida Primera.
No puede dudarse que los 16 primeros capítulos (nn.1-67) son anteriores a la Vida Segunda de Celano, y posteriores a la primera de Celano y a la Vida de Julián de Espira. Precisando más, diremos que es posterior a la muerte del papa Gregorio IX (1241), según el número 67.
El manuscrito de Sarnano, el más antiguo, y los que de él derivan terminan ahí (en el capítulo XVI). Los demás manuscritos añaden otros dos capítulos sobre la estigmatización, muerte y canonización de Francisco. El estilo es muy diferente. Y hay una patente dependencia del capítulo 13 de la Leyenda Mayor, de San Buenaventura. Son, por lo tanto, posteriores a 1266.
La Leyenda de los tres compañeros se considera una de las fuentes más fiables sobre los primeros años de la vida de Francisco y de su Orden, ya que, a diferencia de otros relatos de la época, proporciona detalles de gran valor histórico y de una sencillez notable. La obra fue redescubierta y apreciada, a pesar de las críticas pasadas, y hoy se reconoce su autenticidad y su valor histórico.