Capítulo XV

Muerte del señor Juan, primer protector, y designación del señor Hugolino, obispo de Ostia, como padre y protector de la Orden

61 El ya mencionado venerable padre señor Juan de San Pablo, cardenal, que con frecuencia dispensaba al bienaventurado Francisco consejo y protección, se complacía también en recomendar a los otros cardenales la vida y las obras del Santo y de sus hermanos. Y despertó en ellos tanto afecto hacia el varón de Dios y sus hermanos, que todos querían tener en su palacio a alguno de ellos, no para que les prestaran servicios, sino debido a su santidad y por la devoción que les habían cobrado.

Muerto el señor Juan de San Pablo [10], inspiró el Señor a uno de los cardenales, llamado Hugolino y entonces obispo de Ostia, que pusiera su afecto en amar al bienaventurado Francisco y a sus hermanos, y los protegiera y animara. Y tanta ilusión mostró con ellos como si fuera padre de todos; es más, en mayor grado que el amor del padre carnal se extiende naturalmente a sus hijos carnales, ardía el suyo espiritual para amar en el Señor y favorecer al varón de Dios y a sus hermanos. Habiendo llegado a oídos del varón de Dios la célebre fama de este cardenal, entre todos el más famoso, se presentó ante él con sus hermanos. Él los recibió con alegría y les dijo: «Me tenéis a vuestra disposición; dispuesto a daros mi apoyo, consejo y protección según vuestra voluntad; y quiero en correspondencia que por Dios me encomendéis en vuestras oraciones».

Entonces, el bienaventurado Francisco, dando gracias a Dios, dijo al señor cardenal: «Señor, con muchísimo agrado quiero teneros por padre y protector de nuestra Religión y quiero que todos mis hermanos os tengan presente en sus oraciones». Luego le pidió el bienaventurado Francisco que se dignara intervenir en el capítulo de Pentecostés. Accedió complacido al momento, y desde entonces participó cada año en el capítulo de los hermanos.

Cuando venía al capítulo, salían procesionalmente a su encuentro todos los hermanos reunidos en él. Mas él, al verlos acercarse, se bajaba del caballo e iba a pie con ellos hasta la iglesia de Santa María. Después les predicaba el sermón y celebraba la misa, en la que el varón de Dios Francisco cantaba el evangelio.

x