Era una noche maravillosa, una noche de esas que puede que sólo se den cuando somos jóvenes, querido lector. El cielo estaba tan estrellado, estaba tan claro que, al mirarlo, involuntariamente uno tenía que preguntarse
Noches Blancas
—Vaya, ¡si ha sobrevivido! —me dijo ella riendo y estrechándome ambas manos. —Llevo aquí dos horas, ¡no sabe el día que he pasado! —Lo sé, lo sé…, pero al grano. ¿Sabe por qué he venido? No a soltar... Hoy el día ha sido triste, lluvioso, sin claros, igual que mi futura vejez. Me oprimen unos pensamientos muy extraños, unas sensaciones muy sombrías, unas cuestiones aún nada claras se agolpan en mi cabeza, pero no tengo fuerzas... ¡Dios mío, cómo acabó todo! ¡Cómo acabó! Llegué a las nueve, ella ya estaba allí. Ya de lejos reparé en ella. Estaba como entonces, como la primera vez, acodada en la baranda de la orilla y no oyó... Mis noches se acabaron una mañana. Fue un día malo, la lluvia golpeaba melancólica en mi cristal. Mi habitación estaba oscura, la calle nublada. La cabeza me dolía y me daba vueltas, la fiebre se colaba por todos...Segunda Noche
Tercera Noche
Cuarta Noche
La Mañana